DESTELLOS DE SEPTIEMBRE
¿Por qué Septiembre? ¿Por qué destellos?
Bueno, son muchos los motivos.
Como profesor septiembre siempre ha significado el principio de todo. El principio del nuevo curso. Nuevos compañeros, nuevos alumnos, nuevas relaciones, nuevas emociones...Pero es que resulta que, poniéndonos personales, durante mucho tiempo odié el verano.
Sí, sí, lo sé. El verano. La estación más amada, aquella que más satisfacciones da y en la que reasulta más fácil olvidarse de todo para abandonarse a la buena vida y, simplemente, dejarse llevar. Pues yo lo odiaba. Profundamente. Por un lado es normal, supongo, siendo sevillano, y habiendo pasado casi todos mis meses estivales hasta que la suerte me llevó a otros lugares entre efluvios de calor infernales y una soledad propia de las celdas de aislamiento. Además, prácticamente todo lo malo de mi vida, quizás por esas coincidencias tan propias del particular sentido de la ironía del que suele hacer gala el destino, me han pasado en verano. Siendo así, será fácil entender que en aquellos años yo esperara la llegada de septiembre como maná caído del cielo.
En mi imaginario particular, septiembre representa la renovación.
El final de todo lo malo y el principio de todo lo bueno.
O, al menos, la posibilidad de ser, cuando menos, razonablemente feliz.
O, al menos, la posibilidad de ser, cuando menos, razonablemente feliz.
Por eso pretendo que estas entradas sean eso, destellos de septiembre. No solo para mí, sino para todos aquellos que decidan dedicarle parte de su tiempo a compartir mis historias. Y que disfruten con ellas.
Espero saber hacerlo.

Comentarios
Publicar un comentario