Placeres Extraños

Me aparto por un momento del objetivo principal de este blog, que no es sino dar a conocer mi obra, para permitirme hablar un poco sobre dos obras de ficción que acabo de terminar y que, en esencia, no pueden ser más diferentes. Pero supongo que explicar mis gustos, en cierta manera, es darme a conocer, y eso ayuda un poco más a entender qué quiero conseguir con mis escritos. 
En primer lugar, una novela. El Elixir de la Inmortalidad, de Gaby Gleichmann. Se publicó en ya hace algunos años, pero yo he retrasado su lectura hasta ahora, no sé muy bien por qué. Me atraía mucho el argumento, y sabía que iba a conectar con la historia, pero algo me impedía empezar a leerla. Ahora creo que sé por qué. Cosas del destino. Supongo que la intución me avisaba de que la lectura de esta novela me iba a afectar profundamente, y debía esperar a estar en el momento emocional adecuado. Se trata de una historia ficticia, qué duda cabe, pero me he sentido emocionalmente muy ligado a ella por una simple cuestión: en cierta manera es la historia de mi familia. Más bien, de la familia de mi madre. La familia Espinosa. Verán, siempre supe que el origen de este apellido estaba ligado al Judaismo, y por eso me atrajo siempre todo lo relacionado con esta cultura, y resulta que esta obra va justo de eso. En la novela se relata la saga familiar de una familia judía, los Spinoza, que en origen eran los Espinosa, unos judíos del reino de León. En el comienzo de la historia, en el año 999, Baruj Espinosa tiene un encuentro con Moisés y este le profetiza el futuro de su estirpe, fuertemente ligado al secreto de la inmortalidad. A lo largo de los años y de los siglos, los Espinosa, más tarde Espinoza, y por fin, Spinoza, recorrerán Europa de uno a otro confín, viéndose involucrados de manera muy directa en la evolución política y social del continente. Además, cada generación se verá abocada a la tarea de proteger el secreto de la Hierba Raimundo, que otorga la inmortalidad. El relato de la familia, por cierto, nos llega a través del último de la estirpe, Ari Spinoza, ingresado en un hospital de Oslo debido al cáncer que lo mata lentamente. Ari no tiene hijos, y quiere asegurarse de que la memoria de la familia le sobrevive a su muerte. 
La historia, ambiciosa como pocas, recorre 1000 años de la historia de Europa, empezando en la Península Ibérica y terminando en Noruega. De por medio, reyes, filósofos, guerras, revoluciones, pogromos, persecuciones, exilios... Mucho, demasiado, para 700 páginas. Eso hace que el autor deba optar por un estilo muy ágil, pasando de puntillas por generaciones al completo y resumiendo mucho siglos enteros. No es que eso me moleste especialmente, pero sí que es verdad que el libro termina por ser demasiado denso. Demasiados personajes, demasiados acontecimientos...Demasiado todo. Es una historia que merece la pena leer. Mucho, además. Pero por si alguien quiere acercarse a su lectura, no está demás advertirle de que puede resultar difícil de ingerir de una tacada. 
En cuanto a lo demás, reconozco que si bien hasta la mitad más o menos me estaba resultando espectacular, cuando la historia llega a la segunda mitad del siglo XIX empieza a perder interés. Al menos para mí. ¿Por qué? Bueno, es cuando se hace todo mucho más real. Al principio, la estirpe familiar de los Spinoza está repleta de sucesos fantásticos. Apariciones, seres inmortales, fantasmas...Pero a partir de finales del XIX, todo se hace demasiado real. Supongo que manda el peso de los acontecimientos. Pero de pronto todo se vuelve muy trágico. Muertes, deportaciones, finales sangrientos...No parece haber una sola generación que conozca la felicidad. Y si lo hace, como el autor pasa de puntillas por ello, la sensación de pesar que nos queda es abrumadora. Creo que el final del libro debería haber transmitido mucho más optimismo. Al terminar la última página no puede uno despegarse del sentimiento de fatalidad inminente que persigue al último de los Spinoza. No sé, supongo que es cosa mía. Me gusta la fantasía porque deja abierta la puerta siempre a una salida, a la posibilidad de algo distinto, menos prosáico. Pero claro, esta no es una obra de fantasía. No, al menos, en su corazón. Tiene mucha influencia del Realismo Mágico y Cien Años de Soledad. Con esto quiero decir que la fantasía es un vehículo para la historia, para adornarla, pero no la finalidad de la misma. Y aún sabiéndolo, cuando leí el final, y esto es un spoiler como una casa, me pregunté si en lugar de destruir el libro con el secreto de la inmortalidad, Ari no podía haber escogido usarlo para su propio bien y otorgar así una conclusión mucho más interesante, simplemente porque no lo sería: dejaría abierta la puerta a que la familia Spinoza continuase recorriendo Europa e influyendo en sus acontecimientos. 

Pero, hey, es cosa mía.
Pasando a otra cosa, la segunda obra de la quería hablar es una película, Hereditary


Soy un fan absoluto de las películas de terror. No puedo explicar por qué, pero me encantan. Soy un ávido consumidor de ellas, desde las más comerciales y simples hasta las más complejas obras de autor. En el caso que nos ocupa, tratándose de una de las del segundo tipo, proclamo sin ambajes que se trata de una de las mejores películas de terror de la historia. Así de simple. No es que sea una gran película de miedo. Es que es una gran película. La factura técina es excelente, bellísima. Las actuaciones, sobresalientes. Y el guión es una obra maestra. 
No es, de ninguna manera, una película fácil. Para nada. Huye desde el principio de los sustos y el ritmo es lento. Pero eso sirve para crear una atmósfera sobrecogedora que te atrapa desde el princpio y no te suelta en ningún momento. Como única pega, a lo mejor, diría que se arrastra demasiado en la parte intermedia, lo que no enturbia para nada el resultado final. 
No puedo contar demasiado porque estropearía toda la trama. Solo voy a decir que, en el fondo, la historia es muy sencilla. No obstante, con gran sabiduría, el director opta por una óptica tan distante al corazón de los acontecimientos, que es imposible saber qué va a suceder a continuación. La sensación de desconcierto es total a lo largo del metraje, casi hasta el final. Está hecho así deliberadamente, por supuesto. Y desde mi punto de vista es un ejemplo claro de que en el arte la forma es tan importante como el fondo. Una historia mil veces vista sorprende por la manera en que se cuenta. 
La recomiendo sin dudarlo para todos aquellos amantes del terror que sean capaces de sobrellevar la angustia y el mal rollo que la película es capaz de provocar. 
Y con esto me despido. 
¡Hasta la próxima!

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