La maldición del consumidor forzoso.
En muchos aspectos, soy enemigo del progreso. A ver, que se me entienda. No me refiero al progreso social. Con ese estoy a tope. Me refiero al mal llamado progreso. A los avances en tecnología, sobre todo. A todo aquello que se supone que sirve para mejorar nuestras vidas cuando, a muchos niveles, solo sirve para empobrecerla. No, no quiero volver a la época de las cavernas. Ni a la edad media. Simplemente creo que el hecho de haber inventado algo no significa que ese algo deba usarse. Ni que sea bueno para nosotros, ya que estamos. Podría hablar largo y tendido, por ejemplo, del móvil. Pero voy a centrarme en otro avance que considero bastante cuestionable: la Inteligencia Artificial. Tengo varios motivos para desconfiar de su uso. Como buen miembro de mi generación, podría achacar mi recelo a la influencia de “Terminator”. Pero no es el caso. Mis razones son un tanto más filosóficas. Para empezar, tiene que ver con el uso comercial y la capacidad de elecc...